Conociendo de cerca a la Fundación Ecológica Los Colibríes de Altaquer (FELCA)

Mauricio contándonos sobre los proyectos de la Fundación

En el corazón de la Reserva Natural Río Ñambí, escuchando el ruido incesante de la lluvia e iluminados por el verdor de la vegetación circundante, entrevistamos a Mauricio Florez Pai, director de la Reserva.  Calentándonos las manos alrededor de un tecito de anisillo, árbol aromático que crece junto a la vereda y que hay que alcanzar de una carrera para evitar quedar empapado por la lluvia que hoy no ha dejado de caer.

Mauricio comienza a hablar sobre los orígenes de la Fundación Ecológica Colibríes de Altaquer, dirigida por su hermano Cristian Florez Pai, y poco a poco desvela la conexión entre la Fundación y la Reserva, y la línea que llevó a un grupo de muchachos, allá por al año 91, a poner en marcha este increíble espacio de conservación, investigación, educación y apoyo a las iniciativas comunitarias.

Todo comenzó hace 25 años, en el patio de un colegio, donde unos muchachos de 15 años formaron un pequeño grupo ecológico que pretendía trabajar temas de conservación. El pequeño grupo fue invitado a visitar La Planada, primera reserva ecológica de Colombia. La visita marcó un antes y un después en su vida, ya que personal de La Planada contactó con ellos un mes después: un grupo de ornitólogos británicos acababa de estudiar y descubrir el potencial ecológico de la zona y buscaban gente que les guiara en la exploración de zonas aledañas.

Sin dudarlo, los muchachos decidieron llevar al grupo de ornitólogos a la finca del tío de Mauricio. Los investigadores británicos quedaron tan impresionados por la biodiversidad y características de la zona que acamparon allí junto con los chicos del grupo ecológico durante un mes, tiempo que permitió a los investigadores y a los chicos acabar entendiéndose a pesar de las barreras del idioma. A su partida, los investigadores propusieron un trato al grupo ecológico. Ellos apoyarían la conservación de la zona si el grupo se comprometía a gestionarla y vigilarla. En ese momento el grupo de ecología pasó a llamarse Grupo Pro Reserva Natural. Poco después se compró el terreno.

La cabaña llegó un año después. Proyecto Cabin, también de origen británico, concedió los planos y un equipo de arquitectos para la construcción de una cabaña en apoyo a la conservación. Río Ñambi fue la afortunada. Tres meses después el proyecto contaba con una cabaña bellísima, dotada de salón-comedor, cocina, aseos y capacidad para acoger cómodamente a 40 personas. El resto de facilidades y los complementos de la cabaña fueron llegando poco a poco, a través de donaciones puntuales de diferentes personas, que tras pasar por la reserva se enamoraban y decidían, con sus aportes, contribuir a la conservación del área.

Siendo aun menores de edad, crearon lo que hoy se conoce como la Fundación Ecológica Colibríes de Altaquer (FELCA), que se caracteriza, no sólo por estar enfocada a la conservación de la naturaleza, sino a la inclusión social y al fomento del trabajo comunitario. Bajo el lema “Un esfuerzo comunitario para la conservación de la naturaleza”, una de sus primeras acciones fue donar los terrenos a la comunidad de Altaquer. Poco a poco FELCA se fue consolidando y creciendo en función de las necesidades locales. Hoy abarca desde la conservación y la educación ambiental hasta el apoyo a iniciativas comunitarias, siempre trabajando en ese terreno en el que la preservación del medio natural de forma sostenible se da la mano con la mejora de la calidad de vida y la seguridad alimentaria)

Sus primeros proyectos, que sirvieron de cimientos a la posterior evolución del grupo, fueron un diagnóstico socioambiental participativo, y un proyecto educativo ambiental, que derivó en la construcción de Ñankara Yal (“Casa de los colibríes” en awa, lengua de los indígenas locales). Ñankara Yal es un centro educativo y de interpretación de la naturaleza desde el que se empezó a involucrar a todos los jóvenes locales en la conservación de la biodiversidad. FELCA también ha creado el curso de Liderazgo y Derecho Constitucional, con el objetivo de impulsar la formación y el conocimiento para poder seguir conservando y apoyando a la comunidad sobre bases sólidas.

El enorme trabajo de FELCA ha llevado a que hoy el fomento de la conservación vaya mucho más allá de Río Ñambí. Los esfuerzos de la fundación abarcan toda la cuenca del río Güiza, donde ya han conseguido que  117 finqueros destinen voluntariamente una porción de sus tierras a la conservación.

Actualmente destacan dos proyectos de apoyo a la comunidad local: el cultivo orgánico de anturios, plata típica del área que se exporta como ornamental, y la artesanía hecha con fibra vegetal de la planta “tetera” que tiñen con colorantes orgánicos para hacer bolsos, carteras, manteles, pulseras y collares. También apoyan la creación de nuevas reservas naturales, siendo la última La Reserva Natural La Nutria.

La experiencia histórica nos ha mostrado que las tareas por conservar nuestro medio natural y los esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de nuestras sociedades no son dos tareas separadas e indiferentes entre sí. Los proyectos de conservación salen reforzados cuando se trabajan de forma socialmente sostenible (en climas de respeto mutuo, economías colaborativas, justicia social, etc.). De forma paralela, las iniciativas sociales que buscan generar sociedades más justas en las que se permita un auténtico desarrollo de las capacidades humanas quedan cojas si no incorporan el trabajo medioambiental. A fin de cuentas, todas y todos tenemos derecho a vivir una vida digna, pero toda la vida humana se desarrolla en un mismo planeta que debemos cuidar y preservar en su riqueza y diversidad.

Desde Proyecto AsuLA no sólo queremos compartir las iniciativas de esta bellísima fundación, sino que queremos darles la enhorabuena por su trabajo y agradecerles enormemente la acogida que nos dispensaron.